‘Así fue como Playboy acabó siendo un laboratorio crítico para explorar la emergencia de un nuevo discurso sobre el género, la sexualidad, la pornografía, la domesticidad y el espacio público durante la guerra fría’. Beatriz Preciado.
Tras finalizar la lectura de la obra, tengo la sensación de que esta cita de la propia autora resume verdaderamente bien todo lo que después se desarrolla y se analiza a lo largo de sus páginas. Además tengo que admitir que su lectura me ha resultado muy interesante y enriquecedora. La forma que tiene la autora de ir descubriendo esos aspectos de Playboy que el lector, al menos en mi caso, ni siquiera imagina hace que no puedas dejar de leer, y quieras seguir conociendo más detalles del sistema que rodea a la controvertida revista. Fundamental, en mi opinión, las líneas en las que el propio Hugh Hefner habla acerca de la razón de ser de la famosa Mansión Playboy.
‘Quería una casa de ensueño. Un lugar en el que fuera posible trabajar y también divertirse, sin los problemas y conflictos del mundo exterior. Un entorno que un hombre pudiera controlar por sí solo. Allí sería posible transformar la noche en día, visionar una película a medianoche y pedir que me sirvieran la cena al mediodía, asistir a citas de trabajo en mitad de la noche y tener encuentros románticos por la tarde. Sería un refugio y un santuario... Mientras el resto del mundo quedaba fuera de mi control, en la Mansión Playboy todo sería perfecto. Ese era mi plan. Me crié en un ambiente muy represor y conformista, así que buscaba crear mi propio universo, donde me sintiera libre para vivir y amar de un modo que la mayoría de la gente apenas se atreve a soñar’.
Hugh Hefner es considerado por Preciado como un pop-arquitecto, el imperio Playboy como ‘una oficina multimedia de producción arquitectónica, ejemplo paradigmático de la transformación de la arquitectura a través de los medios de comunicación en el siglo XX’.
Me parece muy interesante también cómo enfrenta la imagen de Hefner posando junto a la maqueta del Club Hotel Playboy de Los Ángeles en 1962 a la de arquitectos como Mies van der Rohe o Le Corbusier exhibiendo las maquetas de sus propias obras, que, aunque en un principio pueden parecer similares, encierran un sinfín de matices. ‘La pose de Hefner como arquitecto no era una farsa, sino que revelaba las intenciones arquitectónicas de lo que a simple vista parecía ser tan sólo un banal proyecto de prensa con contenido erótico’.
No siendo así, acabando la década de los cincuenta y abriéndose paso la de los sesenta, la revista ya había conseguido crear un conjunto de espacios que, a través de una imparable difusión mediática, llegaron a encarnar una nueva utopía erótica popular. La revista popularizó los diseños del ‘Ático Playboy’ (Playboy Penthouse Apartment), de la ‘Cocina sin Cocina’ (Kitchenless Kitchen) y de la ‘Cama Giratoria’ (Rotating Bed), todos ellos materializados más tarde con la reconstrucción en 1959 de la Mansión Playboy.
Llegados a este punto, me gustaría centrar mi comentario en el tema de la domesticidad, presente en toda la obra y fundamental para el entendimiento de esta.
Sin lugar a duda Hugh Hefner fue el primer ‘hombre de interior’ del siglo XX. El primero en pasar a la historia llevando únicamente un pijama de seda impecable y un batín e terciopelo.
Todo el sistema Playboy perseguía el objetivo principal de desencadenar un movimiento por la liberación sexual masculina, dotando al hombre americano de una conciencia política del derecho masculino a un espacio doméstico. Además, su derecho a construir un espacio autónomo que no estuviera regido por las reglas sexuales y morales existentes en el matrimonio heterosexual. ‘Playboy metió a los hombres en sus hogares, convenció a los chicos de que era fantástico quedarse a jugar en casa’. Anuncia la creación de un nuevo espacio radicalmente opuesto al hábitat común de la familia nuclear americana. Es más, Playboy desarrolla un discurso destinado a constituir una nueva identidad masculina, la identidad del joven soltero, urbanita y casero. Este nuevo hombre (heterosexual, urbano y soltero o divorciado) y su propio apartamento serán las máximas de este sueño americano propuesto por Playboy.
Además crea el concepto de la Girl Next Door (la chica de al lado) cuya definición no es en absoluto sexual, y sí geográfica. Es el tipo de mujer que necesitaba ese nuevo hombre, suficientemente alcanzable y accesible, pero al mismo tiempo ajena a su vida privada.
Playboy inventó la Playmate (o Girl Next Door) en la segunda entrega de la revista en 1953, sin embargo el modelo visual y discursivo no se estableció definitivamente hasta julio de 1955, cuando la revista publica un desplegable de su Miss July, Janet Pilgrim.
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Tan sólo otro reportaje consiguió tanta popularidad entre los lectores de la revista como los de las playmates: el desplegable del segundo reportaje dedicado de nuevo al ático urbano de soltero publicado en 1959. Siguiendo su plan de cambio social, Playboy se centra en modificar a este hombre que ha creado a través de la transformación de su apartamento. El apartamento no sería un simple decorado interior, sino una máquina capaz de hacer del antiguo hombre un auténtico playboy. Está decorado con austeridad y clase, con algunos toques muy ‘van der Rohe’. Además disfruta de muchas novedades tecnológicas y un mini bar, al que nunca le faltaría bebida. La cama redonda preside el dormitorio, y desde esta se tiene acceso todo tipo de interruptores, para controlar el resto de la casa. En resumen, se trata de un lugar que cubre todas las necesidades, sobretodo sexuales, del hombre soltero de los años sesenta.

El experimento de Hugh Hefner culminaría, ya no en un apartamento si no en una mansión entera. De este modo transforma una casa señorial en Chicago de finales del siglo XIX de la que prácticamente sólo conservaría la fachada.

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